5/02/2017

Tema del día Los deportaron, pero insisten en regresar

Cada miércoles un bus Marco Polo sale de la estación migratoria Siglo XXI, en Tapachula, México, repleto de centroamericanos. A Nicaragua llega 48 horas después, entra por El Guasaule y ahí se bajan algunos connacionales. Todos regresan con poco o con nada de dinero. Tienen en común un sueño truncado: el de llegar a Estados Unidos.
Pedro Baquedano, originario de Cinco Pinos, dobló su chaqueta y se bajó en Somotillo, el primer pueblo en la entrada a Nicaragua. Cualquiera hubiera pensado que cruzaría la calle para esperar el transporte colectivo que lo llevaría a su pueblo, que dista a 30 kilómetros, pero no fue así.
“Yo me regreso de aquí mismo. Agarro el último bus hacia la frontera de Amatillo y mañana estoy de nuevo en Tapachula para ver por dónde llegó a la frontera de Estados Unidos la semana que viene”, dijo confiado de conocer la ruta y de cruzar con éxito la frontera mexicana.
Otros prefieren esperar. “El recorrido tiene sus peligros, fui asaltada en México y me quedé sin plata. En Tapachula te prestan las facilidades para regresarte sin costo alguno.  Yo creo que voy a esperar un poco más para volver a intentarlo en octubre, porque yo soy de Diriamba y en mi departamento no hay trabajo”, confesó Darling López, una de las tres mujeres deportadas recientemente.
Estas personas vendieron sus pertenencias para emprender el viaje hacia Estados Unidos. Amilcar Ferrufino, originario del reparto La Florida, en Chinandega, es uno de ellos. “A mí me agarraron los federales a diez días de haber salido de aquí”, recordó Ferrufino. “Salí de Chinandega la última semana de noviembre con mi cédula nicaragüense, llegué hasta Guatemala dos días después, ahí me esperaba un coyote.  Al día siguiente entré a México y comenzaron las persecuciones. El guía me abandonó, dijo que en cuatro días estaríamos en Tamaulipas, pero me perdió. En ese trayecto me uní a unos salvadoreños, con quienes crucé la mayor parte del territorio mexicano hasta llegar al lugar donde pasa el tren que atraviesa México para llegar a Estados Unidos”, relató.
Viajaban sin hablar. “Es que el acento nos delataba”, expresó Ferrufino. “Hay lugares que atienden a los migrantes, nos dan de comer, pero hay que proseguir el viaje hasta llegar a un punto que toca caminar por cerros y esconderse cuando pasan las patrullas. Yo no tuve suerte, al noveno día me robaron”. 
“Dos de ellos fueron extorsionados y como no entregaron el dinero, los mataron”, rememoró. A él lo asaltaron, robándole los únicos US$200 que tenía. Luego fue capturado y enviado a la frontera. 
Amilcar Ferrufino está de vuelta en la platanera de su padre, de la que salió cuando se enrumbó hacia Estados Unidos porque quería poner un negocio. Hoy tiene dos hijos y dice que no quiere irse del país.  
Cada semana llega un bus con deportadosde México a Chinandega.- Cada semana llega un bus con deportadosde México a Chinandega. -

“Llegar a Nicaragua fue un alivio, de corazón me alegro estar vivo y en mi país”, expresó.
José Picado, originario de El Viejo, llegó en diciembre de 2016, pero dice que se regresará pronto. “Necesito un cambio de vida”.  A él lo capturaron en San Luis Potosí. “Estaba cerca de llegar, por allí pasan como 400 personas diariamente. Solo tengo que saber esperar el momento para cruzar”, dijo.
El comisionado Francisco Ruiz, quien estuvo al frente de la delegación de Policía de Somotillo, indica que la Policía Nacional recibe un listado con las personas que ingresarán al país para revisar sus antecedentes.  “La Cancillería entrega la lista y se revisa. Entre los contingentes hemos encontrado a dos o tres casos de personas circuladas en otros departamentos, a quienes se procede a enviar para cumplir con el proceso”, explicó Ruiz, quien agregó que vienen más hombres que mujeres y pocos niños; estos últimos son entregados a Mifamilia.

Lo han intentado más de una vez

Katherin Chavarría y Máximo Rugama
Jairo José Pilarte, de 39 años, es guarda de seguridad. Cree que volvería a Estados Unidos porque “allá hay más oportunidades”.
Luego de ser capturado estuvo preso durante un mes y medio. “Compartí celda con otras personas de El Salvador, Honduras y Costa Rica, que también iban a ser deportadas y habían llegado también a los Estados Unidos para trabajar y ganar dinero”, comentó Pilarte.
“Ellos mismos me dieron indicaciones de que debía costear mi propio boleto, entonces lo compré y tuve que regresar de nuevo a mi país”, agregó Pilarte.
Claudia Figueroa es otra deportada que intentaría hacer el recorrido hasta Estados Unidos una vez más. Ella cuenta que estando en un centro de diversión fue requerida por oficiales de migración, quienes notaron que no hablaba inglés. 
Abel Tinoco, un jinotegano radicado en Estelí,  dijo que él estuvo en Nueva Orleans trabajando en áreas de la construcción. Tras vivir varias dificultades lo capturaron agentes de migración y fue enviado a la cárcel. 
Entre los deportados hay personas como Argentina Herrera, quien ha intentado cruzar dos veces a Estados Unidos para hacer realidad su sueño americano, pero que no lo ha conseguido. Afirmó que la mandaron a un cuarto frío y 25 días después la deportaron.
Otros, como Nelson Gómez, consideran que no harían la travesía otra vez. “Ni loco vuelvo a intentarlo”, dijo. “Quedé con una deuda de US$5,000, de US$8,000 que logré pagarle al coyote”.
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