6/30/2017

Tema del día Formación docente requiere cambios

Más de 50 mil maestros forman la plantilla magisterial de Nicaragua.
En nuestro país, un docente de educación elemental se forma en una escuela normal que le otorga un diploma equivalente a técnico medio y para escalar en la carrera del magisterio es necesario que curse una licenciatura o pase de maestro de primaria a profesor de secundaria.
Sin embargo, el paso a la educación secundaria requiere en estos momentos una cualificación superior a la normalista, por medio de un estudio universitario o diplomados especiales autorizados y reconocidos por el Ministerio de Educación (Mined).
Por el contrario, en Centroamérica, países como Costa Rica y Guatemala, forman a sus maestros en escuelas donde reciben una educación equivalente al nivel terciario, explicó Alex Bonilla, investigador en temas educativos del Instituto de Estudios y Estrategias Públicas (Ieepp).
En las escuelas normales del resto de países centroamericanos los currículos están diseñados de manera tal que el perfil de egreso le da nivel de licenciatura. “En el caso de Nicaragua es un título que se expide como maestro de primaria, en el caso del resto de países de la región, los títulos se expiden como licenciatura en educación primaria, licenciatura de preescolar o licenciatura de educación secundaria”, ahondó Bonilla.
Por otra parte, los maestros que forman a los futuros docentes requieren tener un grado mínimo de maestría, en cambio en nuestro país, a los formadores de docencia se les solicita una licenciatura.
Bonilla sostiene que para que las escuelas normales nacionales puedan extender títulos con grados de licenciaturas se debe plantear una transformación curricular, también requiere un esfuerzo para que estos centros se conviertan en facultades anexas a la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN) tanto de Managua como León.
Ya se hizo un primer análisis de esta idea, cuando Miguel de Castilla era ministro de educación, incluso se propuso una escuela normal central, pero la propuesta no prosperó, enfatizó el investigador.
Un cambio en la formación docente vendría a dignificar la labor del maestro,  y “esto impactará en la reducción del empirismo, la fuerza laboral docente estará calificada y estos tendrán una visión diferente para impulsar el desarrollo social del país con la educación”, agregó Bonilla.
Por eso, el principal reto alrededor de las escuelas normales nicaragüenses es que estas se conviertan en institutos pedagógicos superiores, planteó.

Cualificación de maestros

El pasado 22 de junio, el Ministerio de Educación realizó el Congreso Nacional de Formación Docente, con la participación de más de 130 miembros de la comunidad educativa. En esta actividad Salvador Vanegas, asesor presidencial para temas educativos, también expresó la necesidad de replantear la formación de maestros.
”Los cambios en el mundo y los que nacen en una era digital cuestionan una serie de metodologías del pasado basadas en la trasmisión de conocimientos, en memorizar o  copiar, pero ahora se requiere de varias cosas, entre ellas, la interacción”, dijo Vanegas.
El Mined, desde 2014 impulsa la profesionalización de los educadores del sistema público, en alianza con las universidades se impulsó un diplomado para disminuir el empirismo, en el cual participaron 33,000 docentes, pero de ellos, 10,000 no culminaron.
El empirismo se refiere a los maestros que no tienen formación en pedagogía y provienen de carreras fuera del magisterio.
Las autoridades educativas también establecieron para los maestros, los denominados Talleres de Evaluación, Planificación y Capacitación Educativa (Tepce), los cuales se realizan los últimos viernes de cada mes, con el fin de intercambiar experiencias y mejorar sus capacidades metodológicas.
Sin embargo, los especialistas del Ieepp y Fe y Alegría, consideran que los Tepce no están cumpliendo con los objetivos planteados en un principio, porque se han reducido a espacios para evaluar el avance de los temas en el salón de clases.
Algunos maestros de las zonas rurales no consideran que el Tepce sea el mejor espacio para capacitar al maestro, actualizarse, mejorar el proceso empírico que desarrollan y convertirlas en metodologías más innovadoras”, aseguró Bonilla.
Los Tepce se han convertido en espacios para la  planificación y proceso de intercambio de experiencias entre maestros, pero falta mayor profundización. Los profesores necesitan atender, por ejemplo, prevención de violencia de género que está dando muchos problemas, “se planifica el contenido curricular, pero por otro lado otros contenidos sensibles se descuidan”, remarcó Méndez.
En 2016, un total de 50,070 maestros de diferentes modalidades asistieron a los Tepce de forma regular, según el informe de gestión que entregó el presidente Daniel Ortega a la Asamblea Nacional.

Currículo especial para el campo

“El mayor desafío de los profesores actuales es que todo está estandarizado y las orientaciones no toman en cuenta los contextos, las realidades, ni la experiencia del profesor”, dijo Mario Méndez, coordinador pedagógico nacional de Fe y Alegría.
Méndez y Bonilla coinciden en la necesidad de diferenciar la formación docente que se imparte a maestros de zonas rurales. 
“El maestro de la escuela rural y de la escuela urbana reciben el mismo tratamiento didáctico metodológico, se les enseña los mismos métodos, las mismas didácticas, aprenden las mismas estrategias para elaborar recursos y materiales, y no hay una focalización”, dijo Bonilla.
Por otra parte, “la carga de los profesores multigrado, que en su mayoría son de las zonas rurales, no es igual a la carga de los profesores de primaria regular; la formación y las propuestas deben ir de cara a solventar las características de ese profesorado”, agregó Méndez.
De ahí plantea la necesidad de elaborar una política nacional que incluya la formación docente desde la primera etapa (¿?) con procesos diferenciados, atendiendo la realidad sociocultural de los estudiantes y también las capacidades pedagógicas de los maestros rurales y urbanos.
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