7/30/2017

“El gran error del chavismo ha sido ignorar la advertencia bíblica”

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, se juega su futuro hoy domingo al convocar a los venezolanos para elegir una Asamblea Constituyente, mientras la oposición cumple cuatro meses de protestas que han dejado casi paralizado el país y un saldo de más de cien muertos. ¿Cómo es percibido en el exterior el gobierno de Venezuela? “Hay una distancia muy grande entre el discurso del oficialismo venezolano y su práctica, de tal manera que el Socialismo del Siglo XXI, como un proyecto de auténtico cambio social, ha quedado reducido a un slogan vacío”, afirma en esta entrevista Arturo Cruz Sequeira, profesor de la escuela de negocios Incae y exembajador de Nicaragua en Estados Unidos.
¿En que difiere el régimen de Maduro del que mantuvo Chávez?
Hugo Chávez gozó de abundancia de recursos; Nicolás Maduro no. Me explico. Cuando el primero ganó la presidencia, la producción petrolera de Venezuela se ubicaba en 3.5 millones de barriles diarios, de los cuales 3 millones se asignaban a las exportaciones y cerca de 500 mil barriles se ocupaban para consumo interno. Más aún, los precios del petróleo se empezaron a recuperar durante su gobierno, de tal manera que las exportaciones del crudo pasaron de 12 mil millones de dólares en 1998, a 33 mil millones en 2004, y 58 mil millones en el 2006.
La bonanza petrolera fue tal, que el valor de sus exportaciones rondó los 90 mil millones de dólares en la transición entre Hugo Chávez y Nicolás Maduro. Con abundancia de recursos, la generosidad de Hugo Chávez con su clientela política fue notable, forjando una base de apoyo popular sin precedente en la historia reciente de Venezuela.
A medida que los precios del petróleo iniciaron su descenso, los flujos de recursos con los que podía contar Maduro para conservar la lealtad de su red clientelar se vieron mermados, sobre todo por la caída dramática en los niveles de producción, los cuales, según el último Informe de la OPEP (junio 2017), se encuentran por debajo de 2 millones de barriles diarios, muy lejos de los 3.5 millones de 1998, para no decir nada de los 5.8 millones que había prometido Chávez en sus momentos de mayor optimismo.
Lo dicho tiene otro agravante, y es que el 60% de la producción de hoy consiste en crudo pesado y extrapesado, por lo cual, la Cesta venezolana tiene un descuento considerable cuando se le compara con la Cesta de la OPEP. En el 2016, el valor de las exportaciones de petróleo venezolano representaba un tercio de las de 2013, lo cual es insuficiente para cubrir importaciones de alimentos, entre otras necesidades básicas, y a la vez cumplir con las obligaciones financieras del país en el exterior.
 ¿Cuáles han sido los errores más graves de Maduro, en lo político y en lo económico?
 Más que un error de Nicolás Maduro, el gran error del chavismo ha sido ignorar la advertencia bíblica de las vacas gordas y las vacas flacas, de creer que lo que sube, no baja. Cuando los precios del petróleo estaban altos y la producción venezolana arriba de los 3 millones de barriles diarios, sus gobernantes, en vez de acumular reservas e invertir en el futuro de PDVSA, la gallina de los huevos de oro, más bien adquirieron deuda externa e incrementaron el gasto público, sobre todo durante los ejercicios electorales.
Sin duda, Chávez poseía la magia del carisma popular, pero también había algo más, y ese algo más fueron los 130 mil millones de dólares que PDVSA y el Banco Central de Venezuela le transfirieron a las “misiones” entre 2005 y 2014. El gasto público de Venezuela fue tan desordenado en el 2012, durante la contienda presidencial de ese año, que su déficit fiscal alcanzó 16.5% del PIB. Y aun así, con semejante gasto a favor del Gobierno, el candidato de la oposición pasó del 37.0% de los votos válidos en el 2006, a 44.31% en el 2012, con Chávez de candidato, y en cuestión de meses, en las elecciones especiales de abril de 2013 en las que salió electo Maduro, Henrique Capriles captó el 49.12% de los votos válidos.
 Maduro dice que quien lo confronta es una derecha extrema. ¿Cómo definirías a la fuerza social y política que ha mantenido las protestas durante cuatro meses?
 Si fuese como alega el presidente Maduro, la inmensa mayoría de los venezolanos, incluyendo los que en algún momento favorecieron a Hugo Chávez, son entonces de derecha extrema. Las 350 organizaciones sindicales que llamaron a un paro para esta semana son un indicador de lo dicho. Como dice el viejo proverbio, “quien a hierro mata, a hierro muere”, es decir, cuando había para repartir, se podía alegar que los simpatizantes del Gobierno eran mayoría social; pero, ahora que hay muy poco que repartir, ni siquiera son mayoría electoral.
 
¿Hasta qué punto puede estar la mano de Washington en todas estas protestas?
 Las “condiciones objetivas” de Venezuela, tal como hubiesen dicho los marxistas de otrora, están dadas para provocar condiciones insurreccionales, independientemente de potencias extranjeras. Lo irónico del caso, es que muchos de los tomadores de decisiones en Washington hubiesen preferido una Venezuela más estable, en la que cohabitaban chavistas y opositores dentro de las reglas que fijó la propia constitución del fundador de la V República. Inclusive, el equipo del presidente Obama llegó a creer que por medio de Cuba se pudo haber encontrado una salida al impasse venezolano, pero, a estas alturas, tengo la impresión de que en Washington ya nadie anticipa una suerte de “aterrizaje suave” a la crisis venezolana, ante un régimen cuyo discurso se quedó sin sustento social y una población desbordada en las calles de Caracas, con imágenes como las de El Cairo durante las protestas en contra del régimen de Hosni Mubarak.
 ¿En qué medida la crisis de Venezuela altera la convivencia o la estabilidad en Sudamérica?
 Cuando José Miguel Insulza ocupó el cargo de Secretario General de la OEA, en el ejercicio de sus funciones siempre mostró una gran delicadeza cuando se trataba de discutir la situación en Venezuela, reconociendo la correlación de fuerzas de entonces, la cual favorecía al chavismo; pero hoy es todo lo contrario, lo cual se refleja en la conducta del actual Secretario General de la OEA. Salvo Bolivia, y tal vez Ecuador, no hay Gobierno en la región sudamericana que muestre simpatía por el Gobierno de Venezuela, y tampoco hay temor por las consecuencias de tomar posturas críticas a su conducta. Hay una distancia muy grande entre el discurso del oficialismo venezolano y su práctica, de tal manera que el Socialismo del Siglo XXI, como un proyecto de auténtico cambio social, ha quedado reducido a un slogan vacío, confinado a las trasmisiones de Tele Sur.
 
¿Qué posibilidades de sobrevivencia le quedan a la Revolución Bolivariana?
 Hugo Chávez multiplicó el gasto público sin el más mínimo sentido de responsabilidad fiscal, pero no se puede negar que mientras hubo recursos, estos chorrearon no solamente hacia arriba y los lados, sino que también hacia abajo, ofreciendo algún alivio a los marginados de Venezuela, tal como ocurrió en Argentina con los “descamisados” de Perón. Si la Revolución Bolivariana tiene alguna posibilidad de sobrevivir, es precisamente como la memoria de los años de Chávez, idealizada por la distorsión que causa el paso del tiempo, presentándose a generaciones futuras como un movimiento a favor de los pobres, arropado en las glorias nacionales, con un sentido mesiánico de la Patria Grande. Pero, por ahora, al gobierno de Maduro, para preservarse en el mando, no le queda más recurso que acudir al aparato coercitivo, sin ninguna posibilidad de renovar la legalidad, y mucho menos la legitimidad de su régimen.
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